ROCK PATRIÓTICO Y DISIDENTE

El rock en España ha sido mal entendido desde el principio. Las diversas corrientes rockeras que emergieron en los setentas y ochentas (la famosa movida) tenían por bandera una serie de mensajes o consignas políticas de izquierda o pesudoanarquistas. Es lógico, el rock se entendía como algo nuevo, un soplo de viento fresco que podía utilizarse como arma contra la dictadura franquista. Aparecieron entonces los inconformistas de siempre, que hasta entonces les había ido muy bien con el regimen de Franco: Ana Belen y Victor Manuel, que no dudaron en apropiarse de “La puerta de Alcalá”, tema del cual hicieron el buque insignia de la modernidad. Otros inconformistas, políticamente correctos hoy y del grupo de la ceja se añadieron a esta caterva de cutres casposos (por cierto, todos muy malos músicos): Loquillo y los Trogloditas, La polla records, Mike Ríos, Tedy Bautista, Alaska, Juan Perro, Kiko Veneno, Glutamato ye-ye, Aviador Dro, El último de la fila, La Mode y, entre tantos… como no… !Ramoncín! (Sí, el mismo que se paseaba en el Lingo con un pin de HerriBatasuna, era tan moderno el chico). Esta pandilla de inútiles musicales, judíos de la mercadotecnia,  forjaron una falsa imagen referente ideológico del rock en España cuyas líneas maestras eran el antiespañolismo, la apatía, el pasotismo y los excesos (no olvido los alegres “petas” que se fumaba el alcalde sociata de Madrid Tierno Galván delante de las cámaras de RTVE). Bien, salvo gloriosas excepciones de gente que realmente siempre han querido llevar la contraria y hacer un producto musical decente (Gabinete Caligari, Angel Altoaguirre, Eduardo Benavente, Derribos Arias, Siniestro Total, Alaska, a veces…), lo cierto es que nos moviamos en la ramplonería musical.

En los noventa, y en respuesta al legado bobo de los punks políticamente correctos (sí, los Reincidentes, que cantaban en una canción que había que quemar el Inem en tiempos de Aznar, pero que ahora con el gobierno de los socialistas protestan contra el maltrato de género o piden papeles para todos, vamos que son hermanitas de la caridad) aparecen bandas de punk rock contundentes editadas con gran acierto por el sello Ra-ta-ta-ta, los cuales hacen gala de su patriotismo y entrega a la causa anticomunista, pues se engloban en una corriente europea llamada RAC (rock against comunism). El rock, en realidad, siempre ha sido un producto meramente de consumo, por ello, la etiqueta de RAC (rock agaisnt comunism) no me cuadra, puesto que contra el comunismo han estado siempre desde Elvis hasta Rob Zombie y Alice Cooper. A pesar de la excelente calidad de estas bandas, los medios de comunicación se empeñan en criticarlas, censurarlas, silenciarlas o adscribirlas, cada vez que pueden a movimientos subversivos, al mismo tiempo que, contradictoriamente, apoyan y dan buenas críticas a grupos del entorno batasunero del tipo La polla records, Eskorbuto, Negu Gorriak, Hertzainak o que cantando en castellano, gustan de exaltar situaciones violentas del norte donde se ridiculiza a las fuerzas de seguridad privadas y públicas que soportan los envites y amenazas de los violentos: Ska-P, Los chicos del maiz, Sociedad alcohólica, Reincidentes… Lo peor de todo es que en Radio-3 pop están más que acostumbrados a pinchar los elepés de estos tipejos y que el ayuntamiento de Sevilla, entre otros, contrata a este tipo de bandas para los eventos locales. No entiendo por qué un grupo que hace vivas de la violencia e insulta a España y a los españoles puede recibir apoyos de los medios y políticos progres de turno, mientras que a los grupos que exhiben banderas españolas se les llama “ultras”, “radicales” y se les recrimina publicamente su conducta, si es que no se prohiben sus conciertos, cds o publicidad.

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